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Trauma y abuso: análisis de su influencia en la salud mental desde una perspectiva multidisciplinaria

  • Foto del escritor: antonioazae8
    antonioazae8
  • 12 ene 2025
  • 18 Min. de lectura





Trauma and abuse: analysis of their influence on mental health from a multidisciplinary perspective

Revista Científica Educativa

Registro ISSN: (En línea) con el ISSN asignado 2806-5549

(Recurso impreso) con el ISSN asignado 2528-7702


RESUMEN

El trauma y el abuso se presentan en diversas formas afectando profundamente a las víctimas en todas las etapas de su vida. El objetivo de la investigación fue evaluar el conocimiento sobre el trauma, el abuso y su influencia en la salud mental de la población en general. Empleando un enfoque cualitativo, se realizó una encuesta a 100 adultos de diferentes contextos para evaluar su conocimiento sobre el trauma y el abuso, así como su impacto en la salud mental. Las variables analizadas incluyeron datos demográficos, experiencias personales, impacto en la salud mental y búsqueda de ayuda; para tal efecto se aseguró el consentimiento informado y la confidencialidad de los participantes. Los resultados muestran que la mayoría de los encuestados reconocen el trauma y el abuso como problemas graves con efectos duraderos en la salud mental; y que a pesar de esta conciencia, existen barreras significativas, como el estigma y la falta de recursos que dificultan la búsqueda de ayuda. El estudio destaca la necesidad de intervención temprana y un enfoque multi- disciplinario para abordar la problemática de manera efectiva con el propósito de mejorar el acceso a terapia especializada y políticas públicas que promuevan la educación y el apoyo integral para disminuir la presencia, el impacto del trauma y el abuso en la sociedad.

PALABRAS CLAVES: Trauma, Abuso, Salud mental, Perspectiva multidisciplinaria.


ABSTRACT

Trauma and abuse come in many forms deeply affecting individuals at all stages of their lives. This article aims to analyze how these phenomena influence the mental health of the Ecuadorian population. Using a qualitative approach, a survey was conducted with 100 adults from different backgrounds to assess their knowledge of trauma and abuse, as well as their impact on mental health. Variables analyzed included demographics, personal experiences, mental health impact, and help-seeking. Informed consent and confidentiality of the participants were ensured. The results show that many participants recognize trauma and abuse as serious problems with lasting effects on mental health. Despite this awareness, significant barriers, such as stigma and lack of resources, make it difficult to seek help. The study highlights the need for early intervention and a multidis- ciplinary approach to address the problem effectively. It is recommended access to therapy and specialized promote public policies that promote education and comprehensive support to reduce the presence and impact of trauma and abuse in society.

KEYWORDS: Trauma, Abuse, Mental health, Multidisciplinary perspective.


Dr. César Miguel Andrade-Martínez

MSC. Jemina Abigaíl Brito Álvarez

Universidad Politécnica Salesiana

César Miguel Andrade-Martínez1,

Jemina Abigaíl Brito Alvarez2

Fecha de recepción del artículo: 29 de octubre de 2024

Fecha de aprobación del artículo: 14 de noviembre de 2024


Introducción

El abuso mental y emocional se manifiesta a través de conductas de manipulación, humillación y control psicológico que degradan a la víctima. Estos tipos de abuso pueden ser tan dañinos como el abuso físico, dejando cicatrices invisibles pero profundas. Según (Martínez Pacheco, 2016) “Los efectos del abuso emocional son mucho más insidiosos que aquellos producidos por la violencia física, pero no por eso menos significativos” (p. 12); lo que infiere que, como desencadenante se presenten tras- tornos de ansiedad y depresión, reflejando la profunda influencia de estos abusos en la salud mental.


El abuso físico, por su parte, significa utilizar la violencia para provocar lesiones físicas. En un estudio publicado por (Panjwani, 2021), menciona que “un tercio de las mujeres del planeta es víctima de violencia física o sexual o de índole sexual” (párrafo 2); lo que destaca la gravedad de este problema global. Los niños por ejemplo, siendo particularmente vulnerables, sufren enormemente de estos abusos, afectando su desarrollo físico y psicológico. “La violencia doméstica, violencia comunitaria, y abuso sexual durante la niñez, se asociaron notable- mente con un mayor riesgo de Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) en la edad adulta” (PTTC, 2023, p. 11).


Un estudio realizado por (Stemple, et al., 2017), indica que, “aproximadamente el 28% de los hombres en los Estados Unidos reportan haber experimentado alguna forma de abuso físico; mientras que el 16% ha sufrido abuso emocional; y el 3% ha sido víctima de abuso sexual” (p. 309). Estos datos exponen la necesidad de reconocer y abordar el abuso contra los hombres con la misma seriedad que el abuso contra las mujeres, para ofrecerles la asistencia y los recursos necesarios para su recuperación. La violencia en sus diversas formas deja una huella indeleble en sus víctimas, especialmente en los niños, quienes están en etapas cruciales de su desarrollo. Los estudios muestran que “el 70% de infantes que ingresaron a instituciones de cuidado alternativo sufrieron violencia intra- familiar ostentando daños físicos, psicológicos, sexuales y fisiológicos” (Bernal Tapia, 2021, p. 29); estos traumas infantiles a menudo se trasladan a la vida adulta, impactando la habilidad de las personas para formar relaciones sanas y mantener una estabilidad emocional.


En adultos, la violencia también tiene con- secuencias devastadoras como se indica en el estudio empleado por (Manchego-Carnero, et al., 2022) señalando que “el riesgo de violencia moderado a severo fue de aproximadamente 60%, la prevalencia de posibles trastornos psiquiátricos fue de 50%, siendo los más frecuentes la ansiedad/depresión ~30%, los trastornos psicóticos 18% y la combinación de ambos 18%” (p. 331). La exposición prolongada a situaciones violentas puede llevar a la desensibilización, pero también a una mayor vulnerabilidad emocional, influyendo de manera significativa en la vida del individuo.


Por otro lado, los hombres que han participado en conflictos bélicos a menudo regresan con traumas significativos que impactan su salud mental y su capacidad para reintegrarse en la vida civil. “El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es común entre los veteranos de guerra, con síntomas que incluyen flashbacks, ansiedad severa y pesadillas” (NIMH, 2023, p. 5), síntomas pueden persistir durante años, afectando la funcionalidad diaria y las relaciones interpersonales. La literatura también identifica que “veteranos de guerra con TEPT, desarrollan con mayor frecuencia alteraciones a nivel gastrointestinal, cardiovascular, dermatológico, locomotor, pulmonar y metabólico, lo que demuestra que se incrementa la posibilidad de desarrollar trastornos somáticos” (Franić, et al., 2014, p. 75). La carencia de apoyo adecua- do y el estigma relacionado con pedir ayuda empeoran estos problemas, haciendo que muchos veteranos sufran en silencio.


Es evidente que el abuso se manifieste en múltiples formas y afecta a los individuos en todas sus etapas, incluyendo infantes, adultos y personas mayores. Las causas del abuso son diversas y abarcan desde dinámicas familiares disfuncionales hasta factores socioculturales más amplios; el trauma resultante se expresa con signos y síntomas que pueden incluir des- de trastornos emocionales y conductuales hasta problemas físicos y de salud mental a largo plazo, situación que se expone en la investigación para evaluar el conocimiento sobre el tema de estudio, abordando el tema no solo para elaborar estrategias de intervención eficaces y proporcionar el apoyo necesario a las víctimas, independientemente de su edad o género; sino también para concienciar a la comunidad en general sobre el problema social. La comprensión multidisciplinaria de estos fenómenos es esencial para implementar políticas de prevención y programas de tratamiento que puedan mitigar los efectos devastadores del abuso, fomentando una mayor sensibilización y comprensión en la sociedad, lo que permitirá no solo la promoción de la recuperación y la calidad de vida de las personas afectadas, sino también la creación de un entorno más empático y seguro para todos.


Influencia del trauma y el abuso en la salud mental


El estudio del trauma, el abuso y su influencia en la salud mental ha sido un campo de interés significativo en la investigación multidisciplinaria debido a la complejidad y gravedad de sus efectos; comprender estos fenómenos re- quiere una integración de conocimientos desde la psicología, la sociología, la medicina, la neurociencia, y otras disciplinas afines, que permiten una visión holística y profunda sobre cómo el abuso y el trauma afectan a los individuos a lo largo de su vida, independientemente de cuándo lo sufrieron.


El abuso se refiere a cualquier conducta que cause daño o sufrimiento a otra persona (Rodríguez Llerena, 1940), y puede presentarse en varias formas, como el abuso físico, emocional, sexual y psicológico. Cada tipo de abuso tiene características particulares, pero todos comparten la capacidad de causar daño significativo y duradero a la salud mental de las víctimas. El abuso emocional y psicológico involucra conductas que socavan la autoestima y el bienestar emocional de la víctima. Estas conductas pueden incluir manipulación, humillación, intimidación y control, que buscan desestabilizar psicológicamente a la persona afectada. El abuso emocional puede ser tan devastador como el físico, ya que destruye la identidad de la víctima y su capacidad para establecer relaciones saludables (Martínez Pacheco, 2016). Las consecuencias de este tipo de abuso suelen incluir trastornos de ansiedad, depresión y problemas para mantener relaciones interpersonales estables y saludables.


El abuso físico hace alusión a cualquier acción violenta que cause daño corporal a la vícti- ma. Esto puede abarcar golpes, patadas, quema- duras y otras formas de agresión física. Según (Cervera Pérez, et al., 2020) “las consecuencias del abuso físico no solo son inmediatas, como las lesiones corporales, sino también de manera prolongada en el tiempo, como el desarrollo de trastornos de estrés postraumático y problemas crónicos de salud mental en las víctimas” (p. 220).


El abuso sexual abarca cualquier acto sexual no consentido, incluyendo violación, acoso se- xual, y cualquier forma de explotación sexual.


Las consecuencias del abuso sexual son pro- fundos y duraderos, afectando la salud mental, física y emocional de las víctimas. Las personas que han sufrido abuso sexual tienen un mayor riesgo de desarrollar trastornos de estrés postraumático, depresión, y problemas de autoestima (Guerra, et al., 2015). Además, los infantes que son víctimas de abuso sexual enfrentan de- safíos significativos en su desarrollo psicológico y emocional, lo que puede afectar más adelante en sus vidas adultas.


El trauma puede definirse como una experiencia profundamente angustiante o perturba- dora que impacta negativamente la salud mental de una persona (Lahera, 2023); además, puede manifestarse en diversas formas, incluyendo el trauma físico, emocional, sexual y psicológico. Cada tipo de trauma tiene características particulares, pero todos comparten la capacidad de causar do irreversible a las víctimas. El trauma emocional y psicológico involucra experiencias que socavan el equilibrio emocional y el bien- estar psicológico de la persona afectada; experiencias que pueden incluir eventos como la pérdida repentina de un ser querido, situaciones de abuso emocional, o ser testigo de violencia extrema. El trauma psicológico puede ser tan devastador como el trauma físico, ya que altera profundamente la percepción de la realidad y la capacidad de la persona para lidiar con el estrés (Martínez Manotas, et al., 2016). Las con- secuencias de este tipo de trauma incluyen, en un gran porcentaje trastornos de ansiedad, de- presión, y dificultades para mantener relaciones interpersonales estables y saludables.


El trauma físico se refiere a cualquier evento que cause daño corporal significativo a la víctima, como accidentes graves, agresiones físicas o cualquier situación que implique un riesgo elevado para la vida. Según (NIMH, 2023) “las personas que han sufrido trauma físico enfrentan una mayor posibilidad de desarrollar trastornos de estrés postraumático, lo que puede afectar su capacidad para funcionar normalmente en la vida diaria” (p. 6). Las consecuencias del trauma físico no solo son inmediatas, como las lesiones corporales, sino también a largo plazo, incluyendo problemas crónicos de salud mental en las víctimas. El trauma sexual abarca cualquier experiencia sexual no deseada o forzada, incluyendo violación, abuso sexual, y cualquier forma de explotación sexual. Las consecuencias del trauma sexual son profundas y persistentes, impactando la salud mental, física y emocional de las víctimas (Andrade Salazar, et al., 2016).


El abuso y el trauma son conceptos interrelacionados pero distintos, cada uno con sus propias características y consecuencias. El abuso se define como cualquier acción intencional que causa daño o sufrimiento a otra persona y puede manifestarse en varias formas, como el abuso físico, emocional, sexual y psicológico (Marcano, et al., 2017). Este tipo de daño es generalmente el resultado de una dinámica de poder desigual donde el perpetrador ejerce control sobre la víctima, provocando no solo lesiones físicas inmediatas; sino también con- secuencias psicológicas significativas, como la disminución de la autoestima y trastornos de ansiedad y depresión (Rodríguez Llerena, 1940). Por otro lado, el trauma se refiere a la respuesta emocional y psicológica a eventos perturbadores o angustiosos que superan la habilidad de una persona para gestionar el estrés; mientras que el abuso puede ser una causa de trauma, no todos los eventos traumáticos son el resultado de abuso.


El trauma puede ser causado por una variedad de experiencias estresantes, como accidentes graves, desastres naturales o pérdidas significativas, y se manifiesta a través de síntomas como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), pesadillas y flashbacks (Rodríguez Llerena, 1940). Por lo tanto, el abuso es un acto específico que causa daño, mientras que el trauma es la respuesta emocional y psicológica a ese daño o a otros eventos altamente estresantes; ambos conceptos requieren un enfoque especializado para la intervención y la recuperación, pero su distinción es crucial para proporcionar el apoyo adecuado a las personas afectadas.


Afectación del abuso y trauma

El efecto del abuso difiere según el periodo de la vida en la que se produce, afectando de manera distinta a niños, adultos y personas mayores. Esto se debe a que no todos disponen de los mismos recursos personológicos para afrontar situaciones traumáticas, ni comparten experiencias de vida, contextos socioculturales y estructuras familiares similares. Los niños son particularmente vulnerables al abuso debido a su etapa de desarrollo y dependencia de los cuidadores. Los niños que experimentan abuso físico tienen un mayor riesgo de desarrollar trastornos de estrés postraumático y problemas de comporta- miento a largo plazo (Aguirre Sánchez, et al., 2022). El abuso durante la infancia puede interrumpir el desarrollo emocional y cognitivo, llevando a dificultades de aprendizaje, problemas de comportamiento y trastornos de salud mental persistentes, en algunos casos (Martínez Manotas, et al., 2016). Además, la exposición a la violencia doméstica puede causar trauma complejo, afectando la capacidad de los infantes para gestionar sus emociones y comportarse de manera adaptativa (Bernal Tapia, 2021).


En personas mayores, las secuelas del abuso y el trauma son igualmente significativas. Los adultos que han sido víctimas de abuso muestran tasas superiores de trastornos de ansiedad, depresión y tras- torno de estrés postraumático (Oyola, et al., 2004). Estos problemas de salud mental pueden afectar la capacidad de los adultos para preservar vínculos saludables, trabajar de manera productiva, y cuidar de sí mismos y de sus familias. La violencia prolonga- da y recurrente puede llevar a una desensibilización emocional, pero también a una mayor vulnerabilidad emocional, afectando cada faceta de la vida del individuo afectado.


Los adultos mayores o ancianos, también pueden ser víctimas de abuso, incluyendo así, el abuso físico, emocional, financiero y la negligencia. El abuso en esta etapa de la vida puede ser especialmente devastador debido a la dependencia y la fragilidad de las personas mayores propensos a un deterioro rápido de la salud física y mental, aislamiento social, y una mayor mortalidad (Kaplam, 2005), sumado a la falta de recursos y apoyo adecuado que agrava estos problemas, haciendo que muchos ancianos sufran en silencio.


La experiencia de violencia en el hogar no solo afecta a las víctimas directas, sino también a los testigos, quienes pueden desarrollar síntomas de trauma por la exposición a la violencia. Es preocupante identificar que “los infantes son las personas con mayores afecciones, adicional son los padres, madres, cuidadores o familiares cercanos los que proveen dicha violencia” (Bernal Tapia, 2021, p. 29). Aunque el abuso y el trauma no se limitan a con- textos netamente familiares, ya que, también pueden ocurrir en situaciones de violencia comunitaria, conflictos bélicos, entre otros; sin embargo, la violencia doméstica es una forma de abuso que ocurre dentro del hogar, afectando a individuos de todas las edades.

La experiencia militar también puede afectar la salud física de los veteranos de maneras complejas. Se ha observado que el estrés prolongado durante el servicio puede contribuir al desarrollo de enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes y problemas cardiovasculares (Franić, et al., 2014).


Además, el impacto del trauma puede aumentar la vulnerabilidad a comportamientos de riesgo, como el consumo excesivo de alcohol o drogas, que sirven como mecanismos de afrontamiento para el malestar emocional (Girón Sánchez, 2015).


La reintegración a la vida civil no solo implica un desafío psicológico, sino también social y económico. Los veteranos a menudo enfrentan dificultades para encontrar empleo estable, mantener relaciones saludables y adaptarse a cambios en la estructura familiar y social. Las barreras para el acceso a servicios de salud mental, combinadas con el estigma asociado a la búsqueda de ayuda, complican aún más estos inconvenientes en veteranos que deben enfrentar sus problemas en silencio, lo que puede llevar a un ciclo de aislamiento y deterioro de la salud.


Enfoque multidisciplinario sobre trauma y abuso

Para abordar el trauma y el abuso de manera efectiva, es esencial una perspectiva multidisciplinaria que combine conocimientos y enfoques de diversas disciplinas como la psicología, la medicina, la sociología, el trabajo social y la educación, entre otros campos. Desde la psicología, el enfoque se centra en comprender cómo el abuso y el trauma afectan la mente y el comportamiento; y que tipo de terapias, como la cognitivo-conductual (TCC) y la de exposición, se utilizan para brindar apoyo y acompañamiento a las víctimas a procesar y superar sus experiencias (Salinas Vega, 2022). 


En el ámbito médico, los profesionales tratan las consecuencias físicas del abuso y proporcionan apoyo para los problemas de salud mental asociados, incluyen- do el tratamiento de lesiones físicas y la prescripción de medicamentos para trastornos como la depresión y el TEPT.


La sociología ofrece una perspectiva sobre las dinámicas sociales y culturales que perpetúan el abuso y el trauma, ayudando a identificar los factores de riesgo y a crear estrategias de prevención, así como políticas públicas a nivel comunitario y societal (Kovalskys, 2006). El trabajo social desempeña un papel crucial en el apoyo a las víctimas, proporcionando recursos y servicios esenciales para su recuperación. Los trabajadores sociales ayudan a las víctimas a acceder a refugios, servicios legales y apoyo psicológico, promoviendo su bienestar (Bayona Ramírez, 2024).


En el ámbito educativo, sensibilizar y educar a la población sobre el abuso y el trauma es fundamental a través de programas educativos de concientización, que enseñan sobre los signos de abuso y cómo buscar ayuda para prevenir futuros incidentes y apoyar a las víctimas en su recuperación (Wodak, 2014). La prevención del abuso y el trauma requiere una combinación de políticas públicas, programas de intervención y campañas de concienciación, las mismas que deben enfocarse en crear un entorno seguro y de apoyo para las víctimas, proporcionando recursos adecuados y eliminando el paradigma relacionado con la búsqueda de ayuda (García Ospina, 2019).


Las intervenciones comunitarias son esenciales para prevenir el abuso y apoyar a las víctimas, incluyendo programas de sensibilización, grupos de apoyo y servicios de intervención temprana que puedan identificar y abordar


el abuso antes de que cause daños irreversibles (Villa Gómez, 2013). La legislación cumple un rol esencial en la salvaguardia de las víctimas y la persecución de los perpetradores, empleando leyes estrictas contra el abuso y la violencia doméstica, junto con la implementación de mecanismos efectivos de aplicación, son esenciales para crear un entorno seguro para todos (Rodríguez Llerena, 1940).


Proporcionar apoyo adecuado a las víctimas es fundamental para su recuperación que incluya acceso a servicios de salud mental, refugios seguros, asistencia legal y programas de rehabilitación para ayudar a las víctimas a reconstruir sus vidas (Wodak, 2014). Una perspectiva multidisciplinaria integrada es vital para abordar el complejo fenómeno del abuso y el trauma, ofreciendo un enfoque holístico que abarca desde la prevención hasta la recuperación.


Metodología

La investigación aplicó un enfoque cualitativo el mismo que permitió comprender y evaluar cómo los fenómenos del trauma y el abuso influyen en la salud mental de la población, afectaron la vida de los individuos y la comunidad en general, resaltando la importancia de abordar estas problemáticas en el contexto actual del Ecuador, identificando experiencias individuales de víctimas o personas cercanas con el trauma y el abuso. Se realizó una exhaustiva revisión bibliográfica del tema de estudio en las principales bases de datos como Scopus, Web of Scientia, Google Scholar, libros, revistas indizadas, libros, documentos oficiales, textos, periódicos y demás fuentes primarias, etcétera, la que sirvió como fundamento conceptual para el diseño metodológico de la investigación y el planteamiento del marco teórico. Además proporcionó un contexto relevante y permitió articular preguntas clave que guiaron la investigación sobre el nivel de conocimiento que poseía la población ecuatoriana acerca de las implicaciones del trauma y el abuso en la salud mental.


El estudio tiene alcance interpretativo y descriptivo con diseño transversal, el mismo que permitió recopilar datos estandarizados de una muestra amplia con participantes mayores de edad; para tal efecto se realizó una encuesta en línea por Google Forms en internet (https://for- ms.gle/VLj2FQh6175YkGRm9) aplicando un cuestionario estructurado de 14 preguntas cerradas y de opción múltiple, el mismo que sirvió para medir el conocimiento y proximidad con experiencias de trauma y/o abuso, la que incluía las siguientes variables de medición:

1.- Variable de datos demográfico: que incluye tres preguntas cerradas (edad, género, y formación educativa).

2.- Variable de conocimiento general: sobre el trauma y abuso (tres preguntas con opción múltiple y cerradas para evaluar la comprensión del concepto del trauma y abuso, y sus implicaciones).

3.- Variable de experiencias personales: y/o cercanas relacionadas al abuso o trauma (tres preguntas de opción múltiple y cerradas para identificar el porcentaje dentro de los participantes que hayan sido cercanos a algún tipo de abuso y/o trauma).

4.- Variable del impacto en la salud mental: dos preguntas con escala Likert: método para cuantificar las respuestas en términos de grados de intensidad (Vi- naccia Alpi, et al., 2019); y de opción múltiple para medir las percepciones sobre el impacto del trauma y abuso en la salud mental de los participantes).

5.- Variable de búsqueda de ayuda y recursos: tres preguntas de opción múltiple y cerradas sobre el conocimiento y uso de recursos y servicios de asistencia para las víctimas de trauma y abuso.


La muestra del estudio incluyó a 100 personas seleccionadas de manera no probabilística y por conveniencia, con la finalidad de obtener diversidad de criterios durante la discusión y análisis de los resultados. Los encuestados, personas mayores de 18 años, de ambos sexos (masculino y femenino), con nivel de formación y contexto socioeconómico distinto, fue- ron informados detalladamente sobre los términos de confidencialidad y anonimato, asegurándoles que sus respuestas serían tratadas de manera estrictamente confidencial y que los datos recogidos se utilizarían únicamente con fines de investigación; el objetivo fue obtener una visión representativa del conocimiento y las experiencias relacionadas con el trauma y el abuso.


Para garantizar la comprensión y el consentimiento informado, se proporcionó un resumen claro de los objetivos del estudio, los procedimientos de la encuesta y los derechos de los participantes, brindando la opción de retirarse en cualquier momento sin ninguna repercusión. Este proceso de consentimiento informado fue diseñado para cumplir con los estándares éticos de investigación, promoviendo la claridad y la confianza entre los involucrados. Adicionalmente, se implementaron medidas de seguridad en la plataforma de en- cuesta para proteger la información recopilada contra accesos no autorizados, asegurando la integridad y la privacidad de los encuestados.


Los datos obtenidos de la encuesta se analizaron mediante métodos estadísticos, lo que permitió interpretar y presentar los resultados de manera clara y objetiva. Se consideró que no había limitaciones significativas que pudieran afectar los resultados del estudio, lo que refuerza la validez de los hallazgos presentados.



Resultados y discusión

Primera Variable. Datos Demográficos: El 53% de los participantes fueron mujeres y el 47% hombres. En cuanto a los rangos de edad, el 27% eran jóvenes de 18 a 25 años; el 25% pertenecían al rango de 26 a 35 años; el 27% eran adultos de 36 a 45 años; y el 21% personas de 46 a 60 años. Respecto al nivel de formación académica se observa que el 9% habían completado la primaria; el 6% la secundaria; el 23% tenían bachillerato; el 39% había o estaban cursando estudios universitarios; y el 23% tenían estudios de Posgrado. La muestra presenta un equilibrio razonable en términos de género y edad, y una predominancia de participantes con un alto nivel educativo, lo que indica que los resultados pueden proporcionar una visión diversa y educada sobre las percepciones y experiencias relacionadas con el trauma y el abuso, aunque es importante considerar el posible sesgo educativo en la interpretación de los datos.


Segunda Variable. Conocimiento general sobre el trauma y abuso: Esta sección se dividió en tres preguntas (opción múltiple): Pregunta 1. ¿Qué entiende usted por trauma? El 71% de los encuestados lo atribuye a “una experiencia emocional negativa intensa”; el 14% a “una lesión física”; el 9% a “un trastorno mental”; y el 6% indicó que “no está seguro”. La mayoría de los encuestados asocia correctamente el trauma con “una experiencia emocional negativa intensa”; sin embargo, una minoría significativa aún lo relaciona con una lesión física o un trastorno mental, lo que señala la necesidad de fortalecer la educación y clarificación sobre el concepto de trauma, como se observa en la figura 1:


Figura 1: ¿Qué entiende usted por trauma?

 

 




 

Pregunta 2. ¿Qué entiende usted por abuso? El 54% de los encuestados lo define como “maltrato físico, maltrato emocional y negligencia”; el 33% lo atribuye al “maltrato físico”; el 26% al “maltrato emocional”; y el 5% a la “negligencia”; el restante 6% indicó “que no está seguro”. Más de la mitad de los encuestados

identifican múltiples formas de abuso, como el maltrato físico, emocional y la negligencia; sin embargo, la negligencia es menos reconocida individualmente como una forma de abuso. Esto destaca la necesidad de aumentar la conciencia sobre todas las formas de abuso, especialmente la negligencia. (Véase figura 2)


Figura 2 ¿Qué entiende usted por abuso?

 

 

 

 

 

 


 

Pregunta 3. ¿Cree usted que el trauma pue- de tener efectos a largo plazo en la salud mental? El 82% de los encuestados indicó que sí; el 1% mencionó que no; y el 17% restante respondió “que no está seguro”. Una abrumadora mayoría de los encuestados está consciente de que el trauma puede tener efectos en un espacio considerable de tiempo en la salud mental. No obstante, el 17% que no está seguro y el 1% que no cree en estos efectos, indican que aún se requiere más educación para aumentar la comprensión completa de las consecuencias duraderas del trauma.


Tercera Variable. Experiencias personales y/o cercanas: Esta sección consta de tres preguntas (cerradas y de opción múltiple): Pregunta 1: ¿Considera usted que ha experimentado personalmente algún tipo de trauma o abuso? El 59% considera que sí; y el 41% menciona que no, como se observa en la figura 3. La mayoría significativa de los encuestados (59%) considera que ha experimentado algún tipo de trauma o abuso personalmente. Esto resalta la prevalen- cia de estas experiencias en la vida de las personas, destacando la necesidad de apoyo y recursos adecuados para las víctimas. Sin embargo, un 41% de los encuestados no ha experimenta- do estas situaciones, lo que puede proporcionar una perspectiva comparativa en el análisis de los efectos del trauma y el abuso.


Figura 3: ¿Considera usted que has experimentado personalmente algún tipo de trauma o abuso

 



Pregunta 2: ¿Conoce usted a alguien cerca- no que haya experimentado trauma o abuso? El 86% indica que sí conoce a alguien que haya tenido una experiencia cercana con el trauma o el abuso; y el 14% que no conoce. La mayo- ría de los encuestados indica que conoce a alguien cercano que ha pasado por experiencias de trauma o abuso, lo que significa que estas situaciones son ampliamente reconocidas y probablemente frecuentes en el entorno social de los encuestados. Solo un 14% no conoce a nadie cercano en esta situación, lo que refleja la penetración de estos problemas en la sociedad y la necesidad de mayor concienciación y apoyo comunitario. (Véase figura 4)


Figura 4. ¿Conoce usted a alguien cercano que haya experimentado trauma o abuso?

 



Pregunta 3: ¿Qué tipo de abuso ha experimentado usted o conoce que alguien cercano haya sido víctima? El 49% mencionó que el “abuso físico”; el 59% “abuso emocional”; el 41% “abuso sexual”; y el 24% “negligencia”. En cuanto a las respuestas libre a la pregunta 3, el 5% indicó que “ninguno”; el 2% seleccionó “abuso de poder”; y 1% “abuso psicológico”.


De acuerdo con las respuestas de los encuestados, los tipos de abuso más reconocidos son el abuso emocional (59%); y el abuso físico (49%); seguidos por el abuso sexual (41%); y la negligencia (24%). Las respuestas libres sugieren que hay otros tipos de abuso menos mencionados como el abuso de poder y el psicológico, aunque en menor medida. Estos datos muestran la diversidad de experiencias y la pre- valencia de diferentes formas de abuso, subrayando la importancia de abordar cada tipo con estrategias específicas y recursos de apoyo.


Cuarta Variable. Impacto en la salud mental: En esta sección se contiene dos preguntas (escala de Likert y opción múltiple): Pregunta 1: En una escala del 1 al 5, ¿Cómo calificaría usted el impacto del trauma y abuso en la salud mental? El 6% de los encuestados dijo “ninguno”; “poco impacto” fue seleccionado por el 10%; “impacto moderado” fue considera por el 18%; “impacto significativo” el 32%; “impacto muy significativo” mencionó el 34%. El patrón de distribución de las respuestas muestra que el 66% de los participantes consideran que el trauma y el abuso tienen un impacto significativo o muy significativo en la salud mental. Esto refleja una alta conciencia sobre la severidad de estos problemas y su influencia en el bienestar mental. Solo el 16% de los encuestados creen que el impacto es nulo o poco significativo, lo que subraya la percepción predominante de que estas experiencias tienen consecuencias serias y duraderas.


Pregunta 2: ¿Qué síntomas cree usted que pueden ser consecuencia del trauma y abuso? En este caso, el 57% considera que un síntoma significativo es la ansiedad; el 58% la depresión; el 50% estrés postraumático; el 61% problemas de autoestima; y el 60% dificultad para relacionarse. Por otro lado, en las respuestas abiertas se observa que, el 5% menciona no hay consecuencias; el 2% miedo; el 1% impotencia; y el 1% molestia.


Los síntomas más comúnmente asociados con el trauma y el abuso son problemas de autoestima (61%); dificultad para relacionarse (60%); depresión (58%); ansiedad (57%); y estrés postraumático (50%). Estos datos indica que los encuestados tienen una comprensión de- tallada de las distintas formas en que el trauma y el abuso pueden manifestarse en problemas de salud mental. Las respuestas abiertas revelan síntomas adicionales menos mencionados, como miedo, impotencia y molestia, aunque en menor medida.

Quinta Variable. Búsqueda de ayuda y recursos: En esta variable se compone por tres preguntas (cerrada y de opción múltiple): Pregunta 1: ¿En el caso de haber sido víctima de abuso o trauma, indique usted si pidió ayuda? El 30% respondió que sí; el 29% indicó no; y el 41% considera que no ha sido víctima de abuso o trauma. Una cantidad significativa de las víctimas (30%) pudo solicitar ayuda, lo cual es alentador. Sin embargo, un número parecido (29%) no pudo hacerlo, lo que indica la existencia de barreras importantes que impiden a muchas víctimas buscar apoyo. Este dato subraya la necesidad de identificar y eliminar es- tos obstáculos para asegurar que más personas puedan acceder a la ayuda que necesitan, como se expone en la figura 5.


Figura 5. En el caso de haber sido víctima de abuso o trauma, indique usted si pudo pedir ayuda

 

 

 



 

Pregunta 2: ¿Qué obstáculos cree usted que enfrentan las víctimas de trauma y abuso al buscar ayuda? El 55% escogió “el miedo a represalias”; el 36% “falta de conocimiento sobre dónde buscar ayuda”; el 71% por “vergüenza o estigma social”; el 30% por “costos de los ser- vicios de apoyo”; y 25% por “falta de acceso a servicios en la comunidad”. En las repuestas abiertas el 2% indicó “que no hay”; el 1% dijo “por apego emocional hacia la otra persona” (en caso abuso); el 1% “por el miedo a romper la familia” (y que se odien); el 1% “por la falta de empatía con las personas afectadas por algunos profesionales”; el 1% “por la falta de ayuda por parte de los representantes legales del infante o adolescente”; y el restante 1% menciona “que no lo hacen por cobardía”.


Las respuestas de los encuestados indican que, aunque una proporción significativa de víctimas puede pedir ayuda, todavía hay mu- chas barreras que dificultan el acceso a los re- cursos necesarios. La vergüenza y el estigma social, el miedo a las consecuencias, y la falta de conocimiento sobre dónde buscar ayuda son las principales barreras que enfrentan las víctimas.


Pregunta 3: ¿Qué tipo de recursos recomen- daría usted para ayudar a las víctimas de trauma y abuso? El 71% de las personas encuestadas recomienda la terapia psicológica; el 61% grupos de apoyo; el 35% líneas telefónicas de ayuda; y el 45% centros de atención especializados. En el espacio de respuestas libres se encuentra que el 2% sugiere hablar con círculo cercano y de confianza para desahogarse; el 1% profesionales capacitados; el 1% buscar guía espiritual; y restante el 1% ninguno. Estos resultados reflejan la necesidad de proporcionar múltiples formas de apoyo accesibles y efectivas. Las res- puestas abiertas sugieren además la importancia de contar con profesionales capacitados y la posibilidad de apoyo emocional a través de círculos de confianza, subrayando la necesidad de un enfoque integral en el apoyo a las víctimas. (Véase figura 6)


Figura 6. ¿Qué tipo de recursos recomendaría usted para ayudar a las víctimas de trauma y abuso?

 

 

 


Conclusiones

El estudio evidenció la relación significativa entre el trauma y el abuso y su impacto en la salud mental, cumpliendo el objetivo trazado de evaluar el conocimiento y las percepciones de la población ecuatoriana respecto a estos fenómenos. Los resultados obtenidos mostraron que, en su mayoría, los participantes reconocen que el trauma y el abuso tienen efectos duraderos en la salud mental, reflejando una alta conciencia de la gravedad del problema social; además, los datos demográficos revelaron una muestra diversa en términos de edad, género y nivel educativo, lo que proporcionó una visión integral y representativa de las experiencias y conocimientos de los participantes.


En cuanto a las percepciones generales sobre el trauma, la mayoría de los encuestados lo asoció con una experiencia emocional negativa intensa, lo cual es un indicativo de que existe un conocimiento básico adecuado sobre el tema. Sin embargo, una proporción significativa aún vincula el trauma con lesiones físicas o trastornos mentales, lo que resalta la necesidad de una mayor educación en torno a las definiciones correctas de trauma. En relación con el abuso, el estudio mostró que la población tiene una comprensión amplia de las diversas formas en que este puede manifestarse, aunque la negligencia sigue siendo menos reconocida como una forma de abuso.


Una de las variables más reveladoras fue la de las experiencias personales o cercanas con el trauma y el abuso, ya que un alto porcentaje de los encuestados reportó haber vivido o conocer a alguien que ha pasado por estas situaciones. Este hallazgo subraya la prevalencia de estas problemáticas en la sociedad ecuatoriana y la necesidad de crear más recursos de apoyo. Sin embargo, también es importante mencionar que el hecho de que algunos participantes no se consideren víctimas de abuso no descarta la posibilidad de que hayan pasado por situaciones traumáticas, ya que estas pueden ser subjetivas o no reconocidas como tales por falta de información o por la normalización de ciertas conductas abusivas.


El impacto del trauma y el abuso en la salud mental fue otro aspecto clave analizado en este estudio, ya que la mayoría de los encuestados reconoció que estas experiencias tienen un impacto significativo o muy significativo en el bienestar emocional, con síntomas como la ansiedad, la depresión, el estrés postraumático y problemas de autoestima, siendo los más frecuentemente mencionados. Esta situación confirma que las secuelas del trauma no solo afectan la salud mental, sino también la capacidad de las personas para establecer relaciones interpersonales y llevar una vida normal.


Referente a la búsqueda de ayuda, se identificaron barreras importantes que impiden a las víctimas acceder a los recursos necesarios, siendo el estigma social, el miedo a represalias y la falta de conocimiento sobre dónde buscar ayuda y los principales obstáculos. Los resultados obtenidos de la investigación destacan la necesidad de mejorar el acceso a servicios de apoyo y de continuar con la sensibilización y la educación en la sociedad para que las víctimas se sientan seguras al solicitar ayuda.

El estudio concluye de manera objetiva la situación del trauma y el abuso en la población ecuatoriana, cumpliendo el objetivo trazado de evaluar el conocimiento, las experiencias personales y el impacto en la salud mental de los participantes en la investigación, proporcionando una base sólida para futuras intervenciones que promuevan la concienciación y la creación de mecanismos de apoyo más efectivos para quienes han sido afectados por estas problemáticas.


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